Embotellado

LA BOTELLA DE VINO

El vino es una bebida delicada y con muchísimos matices. La forma de protegerlo y obtener todo el sabor requiere de mucho mimo. ¿Es el color de la botella una de las medidas que se emplean? La respuesta es complicada.

Puede que alguna vez os lo hayáis preguntado: ¿por qué el color de las botellas de vino es, en su mayoría, verde? Es cierto que existen también en otros colores. También es cierto que cada vez hay menos de color verde. Pero todavía siguen siendo la grandísima mayoría. Los colores verdes y verdes oscuros superan con creces al resto de tonalidades. Si buscas una respuesta rápida, has de saber que no la tiene. Efectivamente, como habrás oído, el principal factor que condiciona el color de las botellas de vino es la protección contra la luz. Pero no es, ni mucho menos, el único.

¿Cómo elegir el color de las botellas de vino?

Aunque efectivamente, el color del cristal está directamente relacionado con la protección contra la luz solar, ésta no es siempre la razón principal para su elección. De hecho, la razón real suele ser meramente comercial. Tanto a nivel estético como de conservación o económico. El cristal verde suele ser el más barato del mercado, lo que reduce costes. De hecho, probablemente de aquí provenga su uso. Antes de conocer el efecto que tiene la luz sobre el vino, aunque intuyendo que algo le hacía (de forma práctica, como se ha hecho toda la vida), los maestros vinateros guardaban el vino en barrica, que se disponían en la bodega, hasta ser servido en la botella en la que se lo llevaban los clientes. El vidrio verde es el más barato por la sencilla razón de estar tintado por impurezas de óxido ferroso, de hierro. Para quitar dichas impurezas hay que "limpiar" el cristal o trabajarlo de manera más fina, lo que encarece el coste. De hecho, probablemente las primeras botellas fueran de un color ambarino y sucio, más que verde, debido a las impurezas del cristal.

El tiempo ha demostrado que estos colores protegen mejor al vino, lo que se debe a la acción de la radiación ultravioleta sobre algunos componentes químicos que se destruyen ante la acción de la luz. En esta "evolución" del vino, con el tiempo, se van creando sustancias que afean el sabor y el olor. Por eso, muchos maestros bodegueros y enólogos prefieren proteger el vino ante la luz con más o menos esmero según la mezcla y la fermentación que lleve. Otra razón para elegir el color de las botellas de vino es el propio contenido. Algunas bodegas prefieren usar colores más oscuros para que no se aprecie tan fácilmente el nivel de vino consumido. En definitiva, como explicábamos, la elección del color de las botellas de vino depende de cuestiones cómo lo delicado que sea tu vino, a quién se lo quieres vender o cuanto te va a costar la producción y no solo por la protección contra la luz.

El desarrollo de un vino es un proceso delicadísimo, un auténtico arte donde encontramos muchísima ciencia (y para eso existen los enólogos). Pero no vamos a entrar en este complicado tema, al menos por ahora. Sin embargo, sí vamos a hablar de por qué una botella de color es mejor que una blanca. El vidrio transparente no filtra más que un pequeño porcentaje de la luz. El color verde, por el contrario, es capaz de filtrar entre el 30 y el 60% de la radiación. El mejor color, sin duda, es el ámbar, que atrapa casi el 90%. Por eso las botellas de cristal esmerilado ambarino de los laboratorios son de este color, para proteger los compuestos químicos que guardan. La luz del sol es muy energética. Los rayos que nos llegan están formados por un espectro, como un abanico, enorme de radiación. Algunas partes de este espectro ni si quiera las podemos ver (como la luz ultravioleta para la que usamos cremas solares o la infrarroja, muy poco energética). La energía que transporta es capaz de desestabilizar lo compuestos químicos contra los que chocan, por lo que reaccionan y se convierten en otra cosa. Colocar un vidrio coloreado permite que las Si la razón principal fuese la protección contra la luz, el color elegido debería ser ámbarmoléculas que dan el color "absorban" esa energía, de manera que protege el interior del recipiente.

El color de las botellas de vino no es la única medida de protección que se emplea. Éstas han de ser mimadas in extremis para conservar el máximo tiempo el olor, sabor y textura. Los vinos son bebidas fermentadas que permanecen "vivas" y siguen variando con el tiempo, lo que se denomina evolución en la jerga. Por eso, al bodeguero le interesa saber que lo que está vendiendo es un producto controlado y que no te encontrarás con sorpresas desagradables al beber el vino un par de meses después (o un año, o después de 5 años) de haberlo comprado. Por todo ello, las botellas, además, tienen su fondo convexo, lo que ayuda a distribuir la presión del gas en los espumosos, evita que el poso enturbie el vino además de darle mayor estabilidad a la botella. Los vinos son pequeñas obras de arte, muy cuidadas y mimadas, tanto por sus creadores como por sus aficionados. Y no es de extrañar. Más allá de los mitos, precios y demás, el vino es una sustancia compleja y delicada, con muchos secretos y detalles que bien merece la pena disfrutar. Independientemente del color de su botella.